Verónica Macedo,

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Historias Epekéinas… Su nombre es Verónica Macedo, en su historia de vida guarda apreciadas vivencias cargadas de risas, alegrías y en el fondo, mucha nostalgia. Su historia tomó un giro hace 7 años, inicios del 2010, cuando en compañía del padre Honegger Molina, párroco de la parroquia El Salvador en Las Acacias, para ese entonces, iniciaron labores en la Fundación Epékeina. Su deseo de hacer el bien, ofrecer protección al desasistido y contribuir con el bienestar de los más pequeños, sirvió para forjar triunfos en una de las zonas más vulnerables de Caracas: San Agustín del Sur. 

Verónica se abrazó y dedicó al voluntariado para alcanzar su anhelo. Califica los inicios como “rudos”, en virtud de que eran más los deseos, los proyectos y los sueños, que el recurso humano. Con el interés de ir creciendo y alcanzar éxitos, relató con mucho entusiasmo que, el padre Honegger buscó ayuda con estudiantes del Liceo Padre Machado de Fe y Alegría. “Fuimos sumando, creciendo y dándole cuerpo a la misión con la que nació Funda Epékeina”. 

Su buen accionar le permitió conquistar la ayuda de los voluntarios y poco a poco fueron logrando la atención de niños y jóvenes en el sector Terrazas del Alba, San Agustín del Sur. A Verónica le resulta gratificante que en corto tiempo agruparan a más de 33 niños. Eso, hace que se emocione cuando habla y recuerda cada una de las historias y gratos momentos que les dejaron sus “hijos”. Pues, así se refiere al hablar de quienes de forma recíproca conjugaron valores como amor, solidaridad y respeto. 

 “Fueron dos años y medio de un maravilloso trabajo. Hacía de todo. Con dedicación y mucho cariño fui catequista, recreadora, organizaba juegos, enseñé a leer la Biblia y en lo posible les ofrecíamos alimentos a los niños”.


Las actividades las desarrollaba todos los sábados, desde las 8:00 de la mañana hasta el mediodía, en el estacionamiento de una de las Torres de Terrazas del Alba. 

Las anécdotas que vivió en su paso por Funda Epékeina son muchas. Sin embargo, con entusiasmo destacó aquella mañana en la que se encontraban descansando de una actividad física. “Estaba sentada recostada a una pared, rodeada por todos los niños”, pero una de las consentidas, Karyerit de nueve añitos, quien estaba un poco lejos, pero muy pendiente de su “mamá” -como le llamaba-, se acercó, y de forma habilidosa rasgó con ayuda de un huequito toda la parte trasera de la camisa de Verónica. Con muchas risas contó que “lo hizo por celos y tuve que regresar medio descubierta a casa”. 

Emociona escucharla hablar de cada momento vivido y en específico, de sus estrategias de acción: abrazos, cariños, besos, escuchar, aconsejar y el hacerlos sentir importantes. Su lema de vida es aportar un granito de arena para los más necesitados. Por ello, considera que ofrecer esperanzas a quien no las tiene o no las conoce, es lo más gratificante. Funda Epékeina es para Verónica crecimiento personal y espiritual, o bien como lo definió, “llegar donde uno no cree que puede llegar”. 

 Por razones personales, actualmente reside en la ciudad de Puerto Ordaz. Mantiene contacto con miembros de la fundación y anhela volver a reunirse con sus “hijos” y alimentar su alma con las 32 sonrisas que logró categorizar. “Los amo, y si Dios me lo permitiera volvería a la Fundación”, enfatizó Verónica al narrar su historia Epékeina.