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Miguel Martínez crece y multiplica su bondad de la mano de Funda Epékeina

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De los 19 años de vida de Miguel Arturo Martínez, 7 ha participado como voluntario permanente de Funda Epékeina concentrando sus esfuerzos en ofrecer alegría, ayuda y aprendizaje a los más necesitados.

Cuando apenas tenía 9 años fue monaguillo de la parroquia caraqueña El Salvador, ubicada en Las Acacias y posteriormente apoyó la misión evangelizadora que llegó hasta Terrazas del Alba, donde se iniciaron formalmente las labores como fundación. A la par de su crecimiento fue asumiendo otras responsabilidades como recreador y miembro del equipo de logística.

Miguelito -como cariñosamente muchos lo llaman sin importar su edad ni tamaño- es un muchacho ejemplar y comprometido. Su voz grave de significativa proyección, además de su espíritu alegre y hasta su gran tamaño, lo dibujan como un gran líder del equipo epékeino.

Considera que el ser voluntario es una forma de vida que pone al ser humano en constante aprendizaje. “No hay otra cosa mejor que ser canal de esa mano amiga para darle de comer y enseñar a leer o escribir a quienes no tienen nada”, explicó con mucho entusiasmo.

Sus anécdotas las describe como infinitas historias. Sin embargo, recuerda la frase de una joven beneficiaria, quien se preparaba para asumir la maternidad en tiempos de adolescencia. “Siempre hay que mirar hacia delante y nunca para atrás”, fueron las palabras que en el contexto de lo que ocurría, marcaron la vida de Miguel Arturo. – Eso me ha servido para tomar lo positivo de las situaciones difíciles y seguir adelante-, dijo.

Funda Epékeina es su segunda familia porque lo ha visto crecer. La describe como un maravilloso equipo que con esmero, fe y alegría dibujan sonrisas y multiplican alegrías. “Todo este tiempo me ha enseñado que el ayudar sin pedir nada a cambio es verdaderamente gratificante”, asevera este joven al que sus compañeros lo identifican  como el que “siempre está presente en todo”.

Actualmente estudia música. Le gusta tocar el trombón. Se desempeña en un centro  de diagnóstico digital y los fines de semana siempre se dispone a participar en las actividades como voluntario. Por su entrega y valiosa constancia, hoy su testimonio lo incluimos en nuestras “Historias Epékeinas”.